La obra teatral "La casa que no era mía", inspirada en impactantes historias reales sobre las consecuencias del criadazgo en Paraguay, se estrenó en el circuito cultural asunceno bajo una conmovedora propuesta de denuncia y reflexión social. Presentada en alianza por Plan International Paraguay y Koga, la puesta en escena utiliza el arte como un canal directo para visibilizar y desnaturalizar una de las formas más silenciosas de vulneración de derechos hacia niños, niñas y adolescentes en el país.

El corazón dramático de la obra recae sobre las sobresalientes interpretaciones de sus protagonistas. La actriz Sofía Netto encarna con una sensibilidad auténtica a Luz, una adolescente de 14 años oriunda del interior del país que se traslada a la capital bajo la falsa promesa de estudiar. Netto no solo actúa; encarna con el alma el dolor invisible de miles de niñas y adolescentes en Paraguay. Su trabajo destaca de manera especial por su maestría para manejar los silencios y la sutileza de las miradas, logrando transmitir la pesadez del desarraigo y la soledad sin necesidad de caer en el melodrama.
En contrapartida, el actor Emilio Ortellado despliega toda su fuerza escénica para dar vida a los complejos matices de un entorno familiar y social que asume el trabajo doméstico infantil no remunerado como una "oportunidad", cuando en realidad restringe por completo el proyecto de vida y la infancia de la joven. Ortellado asume una de las cargas dramáticas más complejas y necesarias de "La casa que no era mía" al encarnar la perspectiva de la familia receptora, el eslabón social que cobija y normaliza el criadazgo. Lejos de construir un villano caricaturesco, el intérprete despliega un trabajo actoral teete para retratar la mentalidad de una sociedad que disfraza la explotación infantil bajo una narrativa de caridad y desinteresada ayuda económica.
A través de su personaje, Ortellado pone en escena las sutiles microviolencias cotidianas y las construcciones discursivas con las que miles de hogares paraguayos autogestionan su culpa y justifican la pérdida de la infancia de las niñas que reciben.
La impactante puesta en escena de "La casa que no era mía" sostiene su crudeza e impacto social gracias a un sólido y experimentado equipo técnico y de producción que trabaja minuciosamente detrás de bambalinas. El proyecto, impulsado en los teatros asuncenos por Plan International Paraguay junto a la plataforma Koga, cuenta con un soporte artístico de primer nivel dedicado a transformar testimonios reales en una experiencia teatral movilizadora.
La dirección de Karina Lucarelli logra entrelazar la crudeza de los testimonios con momentos de profunda poesía visual y juegos textuales. El elenco, completado por Nadia Captevila, Carlos Díaz y Giuli Calcagno, acompaña con maestría el peso de la narrativa, confrontando al espectador con preguntas incómodas sobre el desarraigo, el dolor silenciado y la complicidad social. Lucarelli teje la dolorosa temática del criadazgo mediante una estructura dinámica de cuentos, proyecciones y juegos textuales. A su lado, la asistencia de dirección corre por cuenta del reconocido director y actor Hugo Matto, cuya experiencia aporta precisión al despliegue y al tono actoral del elenco de primer nivel.
