Cuando un atleta sube al podio, las cámaras capturan la medalla, el llanto de victoria y la bandera ondeando en el escenario internacional. Sin embargo, detrás de los flashes de las camaras, existe un engranaje silencioso sin el cual ningún logro sería posible: la familia. En el deporte de alto rendimiento en Paraguay, donde el camino hacia la cúspide suele ser empinado y con escaso respaldo estructural en los inicios, los hogares se convierten en los verdaderos motores de la élite.

La reciente entrevista de Ronald Duerksen en Paraguay TV volvió a poner esta realidad en primer plano. El padre de Joshua Duerksen, hoy consagrado como un referente indiscutido tras sus históricos podios en la Fórmula 2 y su llegada a un monoplaza de Fórmula 1, fue categórico sobre el papel del núcleo íntimo: la velocidad y el talento técnico no significan nada sin la contención, la fe y los valores transmitidos desde la casa.
El papá del piloto mbarete recordó los años de desarraigo, las gestiones titánicas para asegurar butacas y la necesidad de mantener a Joshua con los pies sobre la tierra. Para la familia Duerksen, el hogar no es solo un patrocinador moral, sino un refugio incondicional donde el resultado deportivo jamás define el valor de la persona.
LA TRINCHERA EN EL TATAMI: GABRIEL Y LILIANA NARVÁEZ
Probablemente la misma convicción se respira en el judo nacional con Gabriel Narváez y Liliana Villalba, los padres de las judocas Gabriela y Paloma Narváez. Formar a dos atletas de nivel panamericano e internacional exige una disciplina implacable: madrugadas de entrenamiento, sacrificios para competir por Paraguay (ya que las judocas nacieron en tierras argentinas), costosos traslados a tierras lejanas y el manejo de lesiones. Cabe resaltar que Gabriel es el coach de ambas competidoras.
Gabriel y Liliana han sido el soporte emocional y logístico indispensable (la incansable Lili vendia los mas ricos cafés para juntar fondos para Paloma), construyendo una red de contención que permite a sus hijas medirse de igual a igual en las artes marciales más competitivas del continente, asumiendo con orgullo el rol de ser su primer y más leal equipo de trabajo, más aun con el plus de que Gabriela combina su reciente maternidad con la vuelta a las competencias, para lo cual, su madre Liliana hace todo lo posible por que la pequeña Margot acompañe a su progenitora en las prácticas y las competencias. Uno de los mas emotivos momentos de los juegos Odesur, fue la imagen de Gabriela celebrando la medalla de bronce obtenida con Margot.
BRAZADAS EN FAMILIA: LA ESTRUCTURA DETRÁS DE CIELO PERALTA
En las aguas abiertas, una de las disciplinas más desgastantes y exigentes del deporte acuático, el caso de Cielo Peralta expone la entrega familiar llevada al máximo nivel. Sus padres, Rafael Peralta y Jazmín Hoge, conforman el respaldo logístico, económico y afectivo indispensable para afrontar extenuantes jornadas de entrenamiento en lagos y ríos, donde la seguridad y el aliento son vitales. (A esta redactora le consta que el señor Peralta prepara los mas deliciosos villaroeles a fin de juntar el dinero necesario para las competencias de su hija).
A este círculo se suma un pilar técnico y humano clave: su hermano Matías Peralta, quien además de compartir los lazos de sangre asumió el rol de ser su entrenador. Esta dualidad hermano-técnico y el sostén de sus padres convierten cada competencia de fondo en un esfuerzo mancomunado, donde la confianza ciega y la complicidad familiar marcan la diferencia en cada kilómetro braceado contra la corriente.

LA CONSTANCIA EN LA PARED: GERARDO GATTI
El squash paraguayo también tiene su baluarte en la figura de Gerardo Gatti, padre de la destacada campeona Fiorella Gatti. Guiar a una atleta en una disciplina individual exige una dedicación diaria singular: viajes internacionales -que a veces se vuelven continentales-, gestión deportiva constante y la contención psicológica necesaria frente a la exigencia y la alta intensidad de la cancha cerrada.
Gerardo personifica el compromiso del padre que se convierte en gestor, consejero y sostén emocional, apostando por el crecimiento integral de su hija en un circuito internacional de máxima condición necesaria, más aun en un deporte que aun no tiene tanto arrastre en tierras guaranies.
EL VERDADERO COMBUSTIBLE DEL ÉXITO
El fenómeno que une a los Duerksen, los Narváez, los Peralta y los Gatti no es una simple coincidencia: es el patrón común del deporte paraguayo. Ningún atleta de élite llega a la cima por mera casualidad, sino por absoluta causalidad. Detrás de cada marca, cada ippon, cada brazada y cada vuelta rápida hay una madre que coordinó viandas y horarios a deshora, un padre que buscó presupuestos incansablemente y hermanos que empujan hombro a hombro —ya sea desde la tribuna o desde el borde de la pileta— para que el sueño de uno sea el orgullo de todos.
En un país que empieza a acostumbrarse a ver sus colores en los más altos escenarios del deporte global, el verdadero campeonato ya se ganó hace tiempo en la intimidad del hogar: allí donde se forjaron los valores, la resistencia y el coraje de los mayores campeones paraguayos.
